Don Antonio Miranda-Altamirano González
Ir de visita a casa de mis padres significa hacer una revisión de mis memorias. Aun cuando tengo la oportunidad, no dudo en subir a la buhardilla y revolver los trastos con afán nostálgico en busca de aquello que pueda elevarme en espíritu y transportarme al pasado más añorado. Entre juguetes, materiales escolares y libros, descubro un sillón giratorio de madera, con su sitial ligeramente escorado. ‘¿De quién sería?’, me pregunto, pues son tantos los muebles antiguos que pueblan mi casa que siempre doy por hecho que han tenido otros dueños. Mi padre aclara: ‘ese sillón era de mi abuelo, y la tara que ves es el resultado de haber soportado su peso’. Así lo confirmo aferrándome a la única fotografía que de él conservo (ver imagen inferior). Se trata de un retrato grupal en el jardín de la casa de Parada de Amoeiro, posiblemente realizado a principios de la década de 1920: don Antonio se sitúa el cuarto por la derecha, sentado, con bigote prominente, embocando un cigarrillo. Está flanque...