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Don Valentín Cid Vázquez

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2 de febrero de 1900. Catedral de Ourense. 00:30 AM. En el rotundo silencio de la noche, ante la doliente imagen del Santo Cristo, don Valentín Cid Vázquez mantiene viva la oración que rinde tributo al Santísimo Sacramento. Mientras el mundo duerme, los adoradores vigilan, y el Sr. Cid, de los más fervientes, cubre su turno gratísimo; ensimismado; absorto en los rezos y la cuenta de los misterios. Ahí fuera, sin embargo, pintan bastos. Tres cacos intentan asaltar su platería de la calle don Juan de Austria, pero, por allí, procedente de la sociedad Unión Orensana, regresa a casa el cajista de la imprenta de El Miño , don Víctor Fernández, que da cuenta a los municipales de los extraños ruidos salidos del negro interior de la hojalatería contigua a la tienda de don Valentín. Con el asunto saltando de boca en boca, la acometida de la Guardia Civil pone fin al frustrado atraco: los tres ladrones, que se negaban a entregarse, son detenidos y puestos inmediatamente a disposición del juez ...

Don José Manuel Miranda González Soto y Altamirano

Pazo de Parada (Amoeiro, Ourense). 15 de mayo de 1819. Noche. El solo crepitar de la llama que caldea el ambiente del salón principal, donde se reúnen doña Ana y sus hijos, se ve interrumpido abruptamente por los presurosos pasos del señor, que irrumpe en la pieza entre maldiciones y balbuceos trayendo en volandas a un desgraciado al que ha desprovisto previamente de la montera, el pañuelo y la chaqueta, que porta bajo el brazo. –¿Qué estabas haciendo?–, inquirió don José Joaquín Miranda Soto y Altamirano ante la mirada atónita de su familia. Pero aquel hombre nada dijo. –¿Qué ocurre, mi señor?–, alcanzó a pronunciar doña Ana. –¡Este! ¡Que andaba a espiarnos en la viña!–, contestó iracundo el Sr. Miranda. –¡Confiesa, cabrón! ¡Querías robar en la casa! ¡¿Y el palo que traías, qué?!–, reconvino este último. Pero nada salía de los labios del que resultó ser el Antonio, hijo de Juana Pérez, vecina del lugar de la Pedriña. Bastó un despiste del viejo para que el mozo lograra zafarse de su...