Don José Joaquín Miranda Soto-Altamirano: una nota histórica
Al buscar alguna pieza que contribuya a esbozar, aunque muy fragmentariamente, la biografía del que fuera el más destacado de los Miranda-Altamirano, esto es, don José Joaquín Miranda Soto-Altamirano (1758/1759?-1848?) me encuentro así, de primeras, en los resultados de Google, este documento histórico conservado en el archivo del Senado: un oficio por el que mi tastatarabuelo renuncia a su nombramiento como senador por motivos de edad a fecha de 14 de noviembre de 1837 (ver imagen inferior).
La renuncia se produce bajo la regencia de María Cristina (1833-1840), viuda de Fernando VII, durante la minoría de edad de la reina Isabel II, poco antes del inicio de la legislatura al calor de las elecciones generales del 22 de septiembre de 1837. De aquellos comicios había salido una cámara baja dominada por los moderados en un momento de graves problemas de convivencia en la nación, pues no sólo tenía lugar la primera guerra civil de la historia contemporánea de España, esto es, la primera guerra carlista (1833-1840), sino que también se mantenían tensas las relaciones entre moderados y progresistas, fruto, entre otras cosas, del Estatuto Real de 1834, los decretos desamortizadores de 1836 o la “sargentada” que obligó a la reina gobernadora a restaurar la Constitución de 1812 y permitir el gobierno de los progresistas hasta la promulgación de la conciliadora, aunque malograda, Constitución de 1837.
En dicho contexto se encuadra el nombramiento como senador de don José Joaquín por Real Decreto de 7 de noviembre de 1837, y aunque tan alta distinción no habría implicado necesariamente viajar frecuentemente o vivir en Madrid dada la irregularidad en la convocatoria de sesiones, la edad avanzada del beneficiario, las atenciones que su familia y su hacienda requerían y, asimismo, el carácter honorífico del cargo, sin remuneración alguna, echaron atrás a este viejo liberal titulado[1], natural de Allariz (como su madre), con los pies entre el viejo y el nuevo mundo[2], que se había distinguido por defender su casa de Parada de Amoeiro contra el invasor francés en 1809 y, según don Ramón Otero Pedrayo, por mandar la Milicia Nacional y haberse hecho enterrar con su uniforme de maestrante de Trujillo[3].
A poco más de un mes del inicio de la legislatura, la mano de don José Joaquín (o la de un escribano) va trazando con cuidado y elegante estilo las letras que conformarán su oficio de renuncia, diciendo así, con tono humilde, pero solemne:
Señora
Don Jose Joaquin Miranda de Parada de Amoeiro en la provincia de Orense a V. M. con el mayor respeto expone: que por vuestro Ministro de la Governacion se ha comunicado el nombramiento con que V. M. se ha dignado honrarle para el elevado cargo de Senador por esta provincia. Esta distincion tan honorifica bastaria para que el esponente, abandonando las particulares atenciones de su patrimonio y familia, siguiese solamente el impulso de su ardiente deseo por servir su Patria, y cooperar al sostenimiento de su Reina y libertad. Pero, Señora, en la edad de setenta y seis años, no puede ofrecer a V. M. mas que sus deseos, por serle imposible desempeñar el cargo con que se le ha honrado; y tiene que contentarse con trabajar constante y decididamente entre sus paisanos para el afianzamiento del trono de Vra. excelsa hija y dela constitucion dela Monarquia. Dignese pues Vtra. M. admitir la dimision que por necesidad y gran pesar hace del honroso cargo de Senador, y contar con sus constantes votos por la vida de V. M. y conservacion de Vra. excelsa hija en el trono Constitucional. Orense 14 de Noviembre de 1837
(...)
Jose Joaquin Miranda [firma]
[1] Señor de Parada de Amoeiro, virrey del Perú, caballero cubierto ante el Rey, marqués de Trujillo, en posesión del collar de Carlos III, con privilegio de condonación a los reos.
[2] Es muy probable que, contando dos años, entre 1765 y 1767 viajase a América con sus padres y su criado, según se desprende del expediente de información y licencia de pasajero a Indias de su padre, José Manuel Miranda Vivero y Navia, corregidor de la provincia de Chumbivilcas, en Perú (AGI, Contratación, 5508, N. 1, R. 12), y que pasase parte de su infancia allí, al menos hasta el asesinato del progenitor a manos de las indígenas de Velille en 1775, tal y como narra Edmundo Montes Ataucuri en el tomo I de su obra Chumbivilcas en la rebelión de Tupac Amaru (https://hawansuyo.blogspot.com/2025/12/chumbivilcas-en-la-rebelion-de-tupac.html). Puede que otra señal de su experiencia americana radique en la historia que me contaba mi padre sobre su criado, transmitida oralmente (supongo) por su madre, su abuela u otros familiares: la historia de un criado negro o mulato, presumiblemente emigrado desde América, que llegó a expresar a don José Joaquín, una vez en Parada de Amoeiro, su deseo de matarle.
[3] La Región (8-II-1959): 15239: p. 1 (https://biblioteca.galiciana.gal/gl/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1407946&posicion=1&presentacion=pagina)

Magnífica historia, Pablo
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