Don Valentín Cid Vázquez
2 de febrero de 1900. Catedral de Ourense. 00:30 AM. En el rotundo silencio de la noche, ante la doliente imagen del Santo Cristo, don Valentín Cid Vázquez mantiene viva la oración que rinde tributo al Santísimo Sacramento. Mientras el mundo duerme, los adoradores vigilan, y el Sr. Cid, de los más fervientes, cubre su turno gratísimo; ensimismado; absorto en los rezos y la cuenta de los misterios. Ahí fuera, sin embargo, pintan bastos. Tres cacos intentan asaltar su platería de la calle don Juan de Austria, pero, por allí, procedente de la sociedad Unión Orensana, regresa a casa el cajista de la imprenta de El Miño , don Víctor Fernández, que da cuenta a los municipales de los extraños ruidos salidos del negro interior de la hojalatería contigua a la tienda de don Valentín. Con el asunto saltando de boca en boca, la acometida de la Guardia Civil pone fin al frustrado atraco: los tres ladrones, que se negaban a entregarse, son detenidos y puestos inmediatamente a disposición del juez ...