Doña María ('Maruja') Cid López
Todo lo que pueda decir de la 'tía Maruja' se lo debo no sólo, y muy especialmente, a la reconstrucción biográfica citada, sino también a la obra de su hijo, el eminente cirujano afincado en Mataró, don Dámaso Montes Cid (1922-2012), Nosotros, los Montes de Bande: historia de una familia, y, sobre todo, a las historias de mi padre y mi tía, quienes han puesto la nota de color sin la cual no podría ampliarse la paleta de toda biografía. A Dámaso lo conocí cuando era un mozalbete, más interesado en zambullirme en la piscina de su casa que en lo que tenía que contarnos, de modo que la oportunidad de acercarme (de nuevo) a la figura de Maruja no llegaría hasta fechas recientes. De las pinceladas sueltas que mi padre y mi tía han sabido dar a este lienzo queda el retrato de una mujer sui generis, de trato afable, memoria portentosa y conversación de altura, conocida en la vida social ourensana no sólo por su labor como inspectora, sino también, como nota peculiar, por las sesiones de espiritismo que llevaba a cabo con su círculo más íntimo. Mi padre recuerda que intentó que perseverase en sus estudios, llegando a cederle varios de los libros de su biblioteca personal, así como una librería acristalada que todavía conservamos. Trasciende, en todo caso, el carácter pionero, de vanguardia, de una mujer fuera de serie que por méritos propios y gran capacidad figura ya entre las más ilustres ourensanas del siglo XX, cuya historia es justo recordarla.
Según la Dra. Cid, doña María, primera de los tres hermanos nacidos del matrimonio formado por Adela López López (¿?-1947) y Manuel Cid Rodríguez (ca. 1874-1940), platero de casta con tienda en los bajos de la Catedral de Ourense (Joyería Cid), nació el 22 de marzo de 1900 en Valdeorras; aspecto geográfico éste meramente accidental por radicar su primera residencia en el primer piso del edificio frente al negocio familiar, en la calle Juan de Austria. Contando 12 años, fue una de las primeras mujeres ourensanas que estudió el bachillerato, rematándolo en 1916 con brillantísimas calificaciones: la friolera de 14 matrículas de honor según la Dra. Cid, aunque don Dámaso Montes anota 16.
Habiéndose convertido en maestra interina con 18 años, en 1920 ganó la oposición de magisterio y, dos años más tarde, fue nombrada "Maestra en propiedad de Barbadanes, Ayuntamiento de Barbadanes provincia de Orense (...)", según el documento referenciado por don Dámaso Montes en la página 110 de su libro. En el ínterin, Maruja contrajo matrimonio con Manuel Montes Domínguez, hermano del escritor y camisa vieja Eugenio Montes (1900-1982), y, a pesar de las convenciones de la época, no tuvo que renunciar a su puesto de trabajo, manteniendo ese resquicio de independencia que permite entrever el espíritu de una mujer liberal situada a la vanguardia de su tiempo.
En 1929, siendo madre de dos hijos (Dámaso y María Dolores), ganó la oposición que le valdría el nombramiento de Inspectora de Primera Enseñanza en la provincia de León, y, así, elevándose "por sí misma y en superándose", dice don Dámaso Montes en la página 110, "nos impregnó a nosotros sus hijos de admiración y orgullo." Posteriormente, tras su paso por Murcia y Santa Cruz de Tenerife, volvería a su provincia natal en 1933, siéndole asignado entonces la zona del Partido Judicial de Carballiño y, unos años más tarde, la de Bande. Desde entonces sería habitual verla formar parte de los tribunales de oposición y del plantel de cursillos de extensión cultural, tal y como dejó reflejado don Vicente Risco en una viñeta dirigida a Xaquín Lorenzo 'Xocas' en 1934. Asimismo, fue asidua de las Semanas Pedagógicas, como la de Ribadavia en 1934, donde disertó sobre "La ficha escolar", y trató de constituir un Centro de Colaboración Pedagógica con los maestros de su zona.
En 1937, en plena Guerra Civil (1936-1939), ocupó el cargo, con carácter interino, de Jefa Inspectora y dos años después sería nombrada Inspectora Jefa de Primera Enseñanza de la provincia, si bien cesó voluntariamente del cargo en 1944, pasando a prestar servicios en calidad de agregada en Toledo en 1950. Cabría esclarecer si dicho traslado debiera leerse como una sanción a resultas de la depuración franquista del magisterio, dada su consideración por parte de la Brigada Político-Social como "afecta a la república", aunque sólo estoy especulando. En cualquier caso, en 1952 se reintegró en la plantilla de inspectores de la provincia de Ourense, compaginando su actividad con la de profesora de la Escuela Normal de Maestras, y, finalmente, se retiró en 1966, recibiendo en 1968 un homenaje por parte del magisterio del Barco de Valdeorras, así como una placa de plata por parte del alcalde de la villa, en reconocimiento a su labor y trayectoria.

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